Tuca y el Río de los Sueños
Para 3 a 5 años · 3 min de lectura
La capibara Tuca tenía un nido acogedor junto al río. Era de hierba tibia y musgo suave. El agua corría lenta y callada. Tuca respiraba hondo. Tuca soltaba el aire. La noche era tibia y dulce.

Una lucecita pasó flotando en el agua. Era suave y redonda, como una lunita. Tuca inclinó la cabeza. La luz brillaba con calma. "Hola", susurró Tuca. La lucecita se meció y esperó.
Tuca entró en el agua tibia. Flotó de espaldas, despacito. La lucecita flotaba a su lado. Juntas bajaron por el río callado. Los árboles se inclinaban, suaves. Las estrellas asomaban entre las hojas.
Llegaron más lucecitas al agua. Cada una era un sueño pequeño y dormido. Un sueño tarareaba bajito. Un sueño dio un bostezo pequeñito. Flotaban alrededor de Tuca, brillando despacio.
"¿A dónde van?", preguntó Tuca bajito. Las lucecitas fueron hacia un lago tranquilo. Allí el agua estaba quieta y honda. Allí los sueños podían descansar. Tuca flotaba con ellos, en ronda, más lento y más lento.

Un sueño se había perdido. Flotaba en un circulito, pequeño e inseguro. Tuca se acercó. "Ven, amigo", susurró. Lo empujó con el hocico, muy suave. El sueñito se acurrucó a su lado. Ya estaba seguro. Ya estaba calentito.
El lago era suave y plateado. Los sueños brillaban como estrellas quietas en el agua. Tuca se sintió dormida y lenta. Sus ojos pesaban. El río cantaba una canción baja, bajita.
Duerme, duerme, cantaba el agua. Duerme, sueñitos.
Tuca volvió a su nido acogedor. La hierba tibia la abrazaba suave. El musgo era blando bajo ella. Se enroscó, pequeña y redonda. Las lucecitas subieron, subieron al cielo. Se hicieron estrellas suaves.
El río quedó callado. La noche se hizo oscurita. Tuca dio un bostezo largo y lento. Sus ojos se cerraron, suaves como pétalos.
Duerme, duerme.
Los sueños descansaban. Tuca descansaba también. Su respiración se hizo lenta. Su corazón se hizo suave. Las estrellas cuidaban el río.
Duerme bien, pequeña Tuca. Duerman bien, pequeños sueños. Buenas noches.