Tuca y el Estanque Tranquilo
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La capibara Tuca se sentó en la hierba suave, junto al estanque. La hierba estaba calentita. Tuca también estaba calentita. Respiró muy despacio. El mundo entero respiró con ella.
Una hojita cayó despacio. Se posó en el agua quieta. Una onda se abrió, lenta y redonda. Tuca la miró. Y sonrió un poquito.

Entró al estanque. El agua estaba cálida y suave. Tuca flotó. Sus piecitos casi no tocaban el fondo. Despacio, muy despacio, se alejó. Todo flotaba despacio con ella.
Una nutria pequeña se acercó. No podía quedarse quieta. "Ve despacio", dijo Tuca, muy bajito. La nutria respiró hondo. Sus patitas se calmaron. Flotó, tranquila, a su lado.
El cielo se puso dorado y bajo. Las ondas se hicieron chiquitas. Tuca volvió a la hierba calentita. Sus ojitos pesaban ya. Calma ahora, calma ahora.
Salió la primera estrella. Después una más. El estanque quedó como un espejo. Tuca bostezó muy despacio. Se acurrucó en la hierba calentita. La luna estaba suave y redonda.

Aire que entra. Aire que sale. Tuca cerró los ojitos soñolientos. El agua se calló. La noche estaba calentita. Buenas noches, Tuca. Buenas noches.