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Pip y la Pequeña Corona

Para 3 a 5 años · 4 min de lectura

El erizo Pip vivía en un nido de musgo suave. Su casita estaba bajo unas raíces cálidas. Afuera, la tarde era lenta y callada. Adentro, Pip estaba calentito y seguro.

Pip guardaba una cajita de tesoros. Tenía piedritas bonitas y caracolas. Tenía una pluma suave, gris como nube. Pip no hablaba mucho. Pero amaba encontrar cosas bonitas.

Esta noche la luna salió, redonda y pálida. Un brillo suave entró en el nido. Una hojita brilló plateada en la luz. Parecía la punta de una pequeña corona.

Pip, el pequeno erizo, esta en su nido de musgo sosteniendo una hoja plateada bajo la luz de la luna.

Pip sostuvo la hoja en sus patitas. Pensó en su amiga, la cierva soñolienta. A ella también le gustaban las cosas brillantes. Quizás podría hacerle una coronita.

Así que Pip salió al silencio del bosque. Caminó despacio por el sendero suave. La hierba estaba fresca y húmeda. La luna caminaba a su lado.

Encontró una piedra blanca, lisa como leche. Encontró una corteza pálida, ligera y suave. Encontró tres bayas, rojas como el atardecer. Pip las juntó con cuidado, una a una.

Pip camina despacio por el sendero iluminado por la luna, abrazando sus pequenos tesoros.

El bosque estaba quieto y amable. Un búho parpadeaba con ojos soñolientos. Una brisita cantaba bajito en las hojas. Pip guardó cada tesoro junto al pecho.

Entonces llegó a la cierva, entre los helechos. Ella casi dormía en su cama verde. "Te hice algo", susurró Pip. Fue lo más valiente que dijo en el día.

Juntos tejieron la hoja y la corteza. Pusieron las bayas y la piedra blanca. Hicieron una coronita, suave y redonda. Una corona para una reinita soñolienta.

La cierva la llevó suave en la cabeza. Le sonrió a Pip, lento y cálido. "Es la corona más suave", dijo. "Gracias, querido Pip."

Pip se sintió feliz y calentito. No hacían falta tantas palabras. Un regalito ya lo había dicho todo. Calma ya, calma ya, decía el bosque.

La cierva bostezó y cerró los ojos. Pip arregló el musgo y volvió a casa. La luna lo llevó por el sendero. Todo estaba lento, suave y quieto.

Pip subió a su nido de musgo. Acercó las raíces cálidas a su lado. Puso la caja de tesoros cerca. Afuera, las primeras estrellas despertaron.

La noche estaba quieta. La noche estaba cálida. Los ojos de Pip pesaban y se cerraban. Pensó en la coronita, suave y redonda.

Calma ya, calma ya, pequeño Pip. La luna te cuida esta noche. Tus amigos están cálidos. Tu nido está seguro.

Pip dio un suspiro lento y soñoliento. Sus patitas se quedaron blandas y quietas. El musgo lo sostuvo, como un abrazo. Y el pequeño Pip se durmió.

Buenas noches, Pip. Buenas noches, coronita. Duerme suave. Duerme cálido. Buenas noches.