La nutria y el estanque dormido
Para 3 a 5 años · 2 min de lectura
Junto al estanque tranquilo, los juncos se mecían despacio. Lottie, la nutria pequeña, se acostó en su nido acogedor. Su pelaje era calentito y sus bigotes, suaves. Más que nada, amaba el agua.
La luz del atardecer ponía el estanque dorado. Lottie se asomó por el borde de su nido. "Un último flote tranquilo", pensó, "antes de dormir." Y se deslizó al agua quieta y tibia.

Flotó de espaldas, lento y suave. Sus patitas descansaban sobre su pancita. A la orilla del agua estaba Nino, el cervatillo. "Hola, Lottie", dijo con una sonrisa soñolienta.
Juntos vieron el estanque calmarse. Los nenúfares se cerraban para la noche. Los pececitos bajaban a descansar. Una libélula plegó sus alas y se quedó quieta.

El estanque estaba calmo como un suspiro guardado. Lottie flotaba cada vez más despacio. "Todo el estanque se está durmiendo", susurró Nino. "Yo también", dijo Lottie con un bostezo.
Nadó suavecito de vuelta a su nido. Los juncos la envolvieron, cálidos y secos. Nino bajó la cabeza. "Buenas noches, Lottie." "Buenas noches, Nino", susurró ella.

Lottie se acurrucó pequeñita en su camita. La luna descansaba suave sobre el agua. Los juncos se mecían lentos, como una canción. Los ojos se pusieron pesados. Las patitas, quietas.
Shhh, ahora. Shhh, ahora. El estanque duerme. La luna está cerca. Todos están acurrucados y calentitos. Buenas noches, Lottie. Buenas noches.