Nora y la Luna Tranquila
Para 3 a 5 años · 3 min de lectura
En lo alto del viejo roble, Nora la búho estaba en su nido acogedor. El nido era suave y cálido. La noche era tranquila y buena.
Nora parpadeó con sus ojitos somnolientos. Algo suave brillaba entre las hojas. Era la luna, grande, redonda y pálida.

"Hola, luna", susurró Nora.
Sintió algo cálido en el pecho. Un sentimiento pequeño y dulce, como un abrazo.
Nora quiso acercarse un poquito más. Así que saltó hasta la orilla de la rama. Miró el mundo tranquilo.
Abajo, el prado estaba plateado y quieto. La luna brillaba en cada cosa suave. Brillaba en la hierba. Brillaba en el estanque. Brillaba en un ciervo soñoliento, acurrucado entre los helechos.
El ciervo bostezó. "La luna está tan suave esta noche", dijo.
"Sí", dijo Nora. "¿Tú también lo sientes? Calentito, justo aquí." Tocó su propio pecho suave.
El ciervo asintió despacio. "Justo aquí", dijo. Y cerró los ojos.
Nora miró la luna un poquito más. La luna no tenía prisa. La luna solo brillaba, suave y despacio.
Cuidaba del prado. Cuidaba del ciervo. Cuidaba de Nora también.
Calma ya, calma ya. La noche se volvió aún más suave.
Nora saltó de vuelta a su nido acogedor. La luz de la luna la siguió, dulce y pálida. Se acurrucó a su alrededor como una manta.

Las primeras estrellitas despertaron. Una. Luego dos. Luego tantas que no se podían contar.
Nora ahuecó sus plumas. Dio un bostezo largo y lento. Los ojos se le pusieron pesados y cálidos.
La luna brillaba suave entre las hojas.
"Buenas noches, luna", susurró Nora.
Calma ya. Calma ya.
Nora cerró sus ojitos somnolientos. La luna siguió cuidando, suave y despacio.
Calentita, segura, en casa.
Buenas noches, buhito. Buenas noches.