← Todos los cuentos

Oso y el Pan Calentito de Miel

Para 3 a 5 años · 4 min de lectura

En una casita acogedora bajo la colina vivía un oso llamado Bruno. El fuego estaba bajito y suave. La sala olía a pan calentito. Bruno se sentó en su sillón grande y dio un bostezo lento y feliz.

Bruno el oso bosteza somnoliento en su sillón grande junto al fuego bajito, con pan calentito cerca.

Entonces pasó algo pequeño. El pan sobre la mesa todavía estaba calentito. Era redondo, dorado y suave. Bruno tomó un pedacito. Probó una gotita de miel. Mmm. Estaba tan rico.

Bruno miró todo el pan. Era demasiado para un solo oso. "Es muy rico para guardarlo", susurró. "Lo voy a compartir con mis amigos."

Entonces Bruno envolvió el pan calentito en un paño suave. Salió a la noche silenciosa. La luna era una luz redonda y suave sobre los árboles. La hierba estaba fresquita. Sus patas no hacían ningún ruido.

Caminó por el sendero tranquilo. Pasó junto al arroyo que cantaba una canción soñolienta. Pasó junto a los árboles altos y lentos. Un búho pequeño parpadeó desde arriba. Bruno saludó con su pata suave.

Primero llegó a la nutria, acurrucada junto al agua. "Hice pan calentito", dijo Bruno. Le dio un pedazo. La nutria sonrió y mordisqueó. "Gracias, Bruno", dijo ella. "Ven a descansar conmigo."

Luego encontró al pequeño erizo bajo una hoja. El erizo tenía frío. Bruno le dio pan calentito y un abrazo calentito. Pronto sus mejillas estaban rosadas y tibias.

Después vino la cierva, con sus ojos cansados y lentos. Bruno compartió el último pedazo grande. "Ahora todos están alimentados", dijo bajito. Su corazón se sintió cálido y lleno.

Los amigos se sentaron muy juntitos. No necesitaban muchas palabras. Miraban la luna y comían el pan suave y dulce. Compartir había hecho calentita toda la noche.

Bruno y sus amiguitos se sientan muy juntitos bajo la luna redonda, compartiendo pan suave en la noche tranquila.

Poco a poco, los amigos se fueron quedando somnolientos. La nutria se acurrucó en la hierba. El erizo se hizo una bolita pequeña. La cierva bajó la cabeza despacio. "Buenas noches", susurraron. "Buenas noches, Bruno."

Bruno volvió a casa por el sendero tranquilo. La luna fue con él, suave y despacio. Los árboles se mecían solo un poquito. Sus patas estaban pesadas ahora. Sus ojos también estaban pesados.

De vuelta en su casita acogedora, el fuego era un brillo naranja y cálido. Bruno se envolvió en su manta suave. Dio un bostezo más, lento y feliz.

Pensó en sus amigos, llenos y calentitos bajo la luna. Pensó en el pan suave y dulce. Su pecho subía y bajaba, despacio y tranquilo.

Calma ahora, calma ahora. El fuego estaba cálido. La noche estaba buena. Compartir había llenado cada corazón.

Los ojos de Bruno se cerraron. Su respiración se hizo lenta. La casita estaba quieta y cálida.

Buenas noches, Bruno. Buenas noches, querido. Duerme suave y calentito, toda la noche.