El Oso Bruno Arropa el Bosque
Para 3 a 5 años · 3 min de lectura
En lo hondo del bosque tibio vivía un oso llamado Bruno. Su casita olía a pan y a té de miel. El fuego brillaba naranja y suave. Bruno se sentó en su sillón grande y respiró despacio.
Afuera, la luna subió redonda y clara. Bruno miró los árboles callados. "Creo que mis amigos también tienen sueño", dijo. Así que se envolvió en una manta suave. Y salió al silencio de la noche.

La hierba estaba fresca y húmeda bajo sus patas. Un erizo estaba junto a una raíz, frotándose los ojos. "Hora de dormir, pequeñito", susurró Bruno. Juntó unas hojas calentitas en un montón. El erizo se enroscó y bostezó. "Buenas noches", murmuró. Bruno sonrió y siguió andando.
Junto al estanque halló una nutria con sueño. La nutria flotaba despacio en el agua quieta. "Ven, pequeña nadadora", dijo Bruno. La llevó a su nido de juncos. La nutria parpadeó con los ojos pesados. Bruno la arropó y acarició su cabecita.
Arriba en un árbol había un búho bien despierto. "No encuentro mi rama cómoda", dijo. Bruno halló una rama baja y redonda. Era cerquita, segura y calentita. El búho acomodó sus plumas y dio un ulular soñoliento. "Gracias, Bruno", susurró. Y sus ojitos se fueron cerrando.

Ahora el bosque quedó quieto y oscuro. Uno a uno, los pequeños se durmieron. Bruno volvió por el sendero suave y oscuro. La luna lo acompañó hasta su casa. Su casita aún brillaba tibia y dorada.
Entró y cerró la puerta. El fuego estaba bajito ahora, suave y rojo. Bruno se sirvió la última taza de té de miel. Se sentó en su sillón grande y la bebió despacio.
Duerme, duerme, decía el viento en los árboles. Duerme, duerme, decía el fuego soñoliento. Los ojos de Bruno pesaban como piedras tibias. Sus patas quedaron quietas en su regazo.
Subió la manta hasta su barbilla. El búho estaba durmiendo. La nutria estaba durmiendo. El erizo estaba durmiendo también. Y ahora era el turno de Bruno.
Las estrellas parpadeaban despacio sobre el bosque callado. El fuego soltó su última luz tibia. Bruno dio un bostezo hondo y suave. Sus pensamientos se ablandaron. Su respiración se hizo lenta.
Duerme, duerme, querido Bruno. El bosque está seguro y tibio. Todos están durmiendo ya. Cierra los ojitos, osito.
Y Bruno los cerró. Se fue durmiendo, calentito y acurrucado. Buenas noches, Bruno. Buenas noches, dulce bosque. Buenas noches.